4 Poemas de Juan Rocchi
Plano argentino
Una esquina atormentada.
Colectivos que compiten todos
con todos los demás. Y en ella
el monumento del siglo
empequeñecido, hecho a medida:
un cajero.
Dibujado un círculo blanco, irregular
en el doble vidrio, expandiéndose en otros
círculos más pálidos, atrás de la mente agrietada
del ciruja. El panel da lástima
donde lo cruza la cinta roja
y blanca horizontal //PELIGRO//, la grieta color
ceniza del piso al techo.
Esa figura que vuelve
y vuelve contrastada con el rectángulo
que dibuja él en el aire
con los dedos de moho, escuálidos
cuando pide billete billete.
Su cara hecha
también de huecos
se desmarca
de las opciones pequeñas,
de falso relieve o circulares
en la pantalla táctil
del cubículo interior.
Confundiéndose en el vaho
circundante y las ondas
graves de los motores:
La piedra que el ciruja quiere
en su bolsillo para picarla, la piedra
que acaricia en otro mundo,
para pasar de una mano a la otra, para chupar
y que vuelva al bolsillo, la
piedra duplicada por si lo apuran.
De buena gana: la piedra para reventar
otra vez el vidrio
por el que mira hacia adentro.
Se arrastra
panza al suelo
la continuación de los días.
Algo para tomar,
indistinto. Bultos
indistintos, ayudas indis-
tintas.
El suelo no pertenece, lo que está
encajado entre puertas tampoco,
ni la claridad que trina
entre los balcones y perfiles
de edificios.
Todo a la vista
de todos.
La violencia es la única vía.
Como la respiratoria, la
violencia es el único camino
por el que transita la verdad
y la necesidad de los hechos.
Las personas más jóvenes viven
en los edificios más antiguos.
Ladrillos, paredes gruesas, el mundo
confortable de la más
rasposa soledad.
Sin mayores reflexiones,
la violencia existe.
Tiene direcciones.
En algún momento hay que llevarla
a algún lugar
más cercano a la justicia.
El final de la tarde, y ésta
calcinada. Rescoldos
que se apilan.
Tripas trepanadas.
Grasa grumosa.
La paz supura sobre
el piso.
Los músculos vivos cansados, horas
de tirar, apretar, atornillar. Intentos fallidos,
vuelta a intentar a las tres, a las cuatro,
mientras la calle estaba silenciosa
y los perros resoplaban afuera. También
ellos tienen sus vísceras, pero no deberían
comer del festín de la tarde.
El silencio y un sol
que lagrimea harto
mientras baja a la avenida.
Toda la operación, las achuras,
la tradición argentina.
Resuelto, por una única
información necesaria:
adónde va
ese señor tan rico
con su nariz ganchuda
sin sus hijos
cuando no vacaciona,
cuando no está en su casa.
Juan Rocchi (Buenos Aires, 1995) es licenciado en Filosofía por la UBA y editor en el sello de poesía Media res. Escribe poemas y crítica en distintos medios. En 2024 publicó Trincheta.